PRIMEIRA VOLTA
(setembro 1997)
"Não pensei escrever este livro. Apareceu
num sábado, quando passavam cinquenta anos que um homem pisou a Lua, comecei-o
no domingo. Entretanto passou mês e meio e volto aqui antes de o acabar para
acrescentar isto. Não pensei escrevê-lo mas descobri que estava por escrever.
Sair é de facto a palavra, bem mais do que eu podia supôr naquele sábado.
Cinquenta anos atrás, dia por dia, o Brasil
vivia o auge da ditadura e Caetano Veloso estava em concerto na Bahia, a
despedir-se do país. Ia ser expulso para o exílio com Gilberto Gil, seu
parceiro em palco. Um norte-americano acabava de pisar a Lua, dois, aliás,
enquanto cá em baixo dois sul-americanos cantavam, e com eles milhares
ameaçados de cadeia. Hoje, um terror herdeiro da ditadura, por sua vez herdeira
de séculos, ameaça de novo muita gente. Com o voto de muita outra gente.
O Brasil está na minha vida diária vai para
uma década, fiz dois livros pasados lá, o último levou bastante, só o dei por
finalizado ao lançar a edição brasileira, em maio de 2019. De volta a Portugal
em junho, achei que o ciclo se completara, eu tinha coisas diferentes para
escrever. Mas em julho, entre concertos portugueses, Caetano repetiu algo que
me dissera anos antes: falta Bahia. Foi o clique para este livro aparecer, com
título, índice, pela ordem das viagens. Na mais remota há pontas que se atam ao
futuro, e com ela começará a vir Caetano.
Sou da banda dele. A banda dos que acham
que o mundo, ao contrário da estupidez, não é chato. . . ."
" . . . Desde que comecei a ouvir Caetano, a Bahia
pareceu-me um lugar prodigioso, como os que imaginamos quando começamos a ler
livros. Ele foi fazendo dela um lugar dos lugares, o lugar de Caymmi, de Jorge
Amado, de João Gilberto, de Glauber Rocha. O lugar de Gil, de Gal, de Bethânia.
O lugar de Mabel, Rodrigo, Roberto, Clara, Irene, Nicinha, irmãos de sangue ou
criação. O lugar de seu Zezinho e dona Canô, pai e mãe. Mas também dos filhos
Moreno, Zeca e Tom, todos nascidos na Bahia (o mais velho, da baiana Dedé; os
mais novos, da carioca Paulinha).
A Bahia é assim o único lugar do mundo onde
desde criança convivo com toda a família de um artista só de o escutar, de
cantar com ele seus ascendentes, descendentes, parentes, heróicos e genéticos,
sua casa, sua porta, sua Ítaca: Santo Amaro da Purificação, de onde tudo
irradia. Mesmo quando em 1969, saído dos calabouços da ditadura, confinado à
Bahia pelo regime, Caetano a transformou em Putrificação, num verso revoltado
com a poluição química, “radicalmente contra uma imagem idílica das cidades do
interior”. Tal como depois, no exílio, dando a volta a um soneto barroco, cantaría
Triste Bahia…triiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiste… Cidadezinha rodeada de
cana-de-açúcar, lá no recôncavo da Baía de Todos-os-Santos, Santo Amaro foi
pioneira a exigir a Independência do Brasil, e das únicas a celebrar o fim da escravidão
desde 1888, sempre lembra Caetano. . . ."
•
A 23a edição do Festival Internacional Literário Metropolis bleu / Blue Metropolis, de 24/4 a 2/5, terá
entre seus principais eventos uma conversa entre o cantor e compositor Caetano Veloso e a escritora e jornalista portuguesa
Alexandra Lucas Coelho, autora de “Cinco voltas na Bahia e um beijo para
Caetano Veloso”, seu terceiro livro dedicado ao Brasil.⠀⠀⠀
O evento "Em outras palavras: uma conversa com
Caetano Veloso" será apresentado no domingo, 2/5, pela jornalista
brasileiro-canadense Ingrid Bejerman, curadora da
programação em português e espanhol do festival Blue Met. Evento gratuito em
português.
"Em 2019 publiquei "Cinco Voltas na Bahia e Um Beijo para
Caetano Veloso".
Agora, pela primeira vez, vamos fazer uma conversa. Será
(online) no Metropolis Bleu, o grande festival literário multilingue do Canadá.
Muito obrigada a Ingrid Bejerman, uma das curadoras, que teve a ideia desta
sessão a partir do livro. E a Caetano pela generosidade com que a acolheu, no
meio da gravação de um disco novo, e mil coisas mais. Maior que os nervos só a
alegria."
Alexandra Lucas Coelho
CULTURA
Los libros, las películas, las canciones, el arte:
Caetano Veloso, una estrella que brilla, incluso en tiempos oscuros
El legendario artista brasileño pasó por el Blue
Metropolis, el festival literario internacional de Montreal. La autora de esta
nota, que tiene a su cargo la programación en español y portugués, comparte la
experiencia y las sensaciones de esta conversación
Por Ingrid Bejerman
9 de mayo
de 2021
Desde
Montreal.- Cae la tarde de primavera boreal,
prendo la compu, y entro al enlace de Zoom enviado por mi equipo técnico en Blue Metropolis, el festival literario
internacional de Montreal, multicultural y multilingüe como nuestra ciudad, que
tiene a esta canadiense de origen brasileño y argentino a cargo de la curaduría
de eventos en castellano y portugués.
Aquí son las 18 horas, pero son las
19 en Rio de Janeiro y las 23 en Colares, cerca de Lisboa, desde donde se
conecta la periodista y escritora portuguesa Alexandra Lucas Coelho. Estamos por grabar una charla inspirada en
su libro premiado, Cinco voltas na Bahia e um beijo para Caetano
Veloso (Bazar do Tempo, 2019), el último de
su trilogía sobre el Brasil, junto al mismísimo legendario artista brasileño,
el numen al que está dedicado y el astro de esta conversación literaria.
Cinco voltas surgió de una importante observación que Caetano le hizo a
Alexandra sobre sus dos libros anteriores, la colección de sus crónicas
periodísticas Vai, Brasil (Tinta da China, 2013) y su novela Deus-dará (Tinta da China, 2016). Al primer
tomo el cantante brasileño lo leyó y comentó con mucha atención y cariño, y al
segundo lo llama “un libro bellísimo”. Quedó impresionado por el “altísimo
nivel del texto” —cuando se trata de la obra de Alexandra, a Caetano le sobran
los superlativos— desde el título, que remite a Chico Buarque, y por la presencia de la canción brasileña a lo
largo de la novela, que lo emociona desde la cita inicial con las preguntas que
le hace a Paula Toller su hijo
en “Oito Anos”, el tema que su mamá-rockstar le escribió: Por que a Lua é
branca? / Por que a terra roda? / Por que deitar agora? / Well, well, well
Gabriel...
“Yo
estoy loco por ese libro”, dirá Caetano más tarde, en nuestra charla, elogiando
“la inventividad del texto” y sin esconder la conmoción que siente por la
escritura de esta autora portuguesa sobre nuestra tierra, el inmenso amor que
nos tiene, la profundidad de sus observaciones desde el hondo de su ser,
devolviéndonos a los brasileños mucho de lo que significamos. “Nunca se ha
dicho con tanta vehemencia”, explica Caetano sobre las primeras páginas de Deus-dará,
“con tanta fuerza como se merecía, que esta canción es hermosa”.
Y
aquí la observación de Caetano sobre los dos primeros libros que generaría el
tercero: les faltaba un tema muy importante, Bahia, donde todo empezó, el
primer encuentro entre Portugal y Brasil. La novela Deus-dará transcurre
en Rio, atraviesa 500 años de historia colonial y trata el lazo entre los dos
países, pero efectivamente: falta Bahia. Alexandra decidió en ese entonces que
haría un libro sobre Bahia, y que ese libro sería para Caetano, porque solo
podría ser un libro para él.
El título le “bajó” o descendió por
medio de una fuerza superior, en el lenguaje del candomblé que Alexandra
utiliza para explicar cómo le vinieron las palabras. Las cinco vueltas son las
cuatro que ya había realizado cuando fue corresponsal en Brasil en la última
década, 2010-2020, y la quinta, aquella en que deja abierta la posibilidad del
regreso. El beso a Caetano Veloso
es porque es con él que comienza su relación con Brasil, y la acompaña siempre,
a lo largo de la historia.
Y
así cierra esta trilogía, su tributo al país que también es su hogar, que tanto
le ha dado y la cambió para siempre. También para “devolverle a Caetano todas
las historias que en verdad comienzan con él, desde muy atrás, inclusive antes
de mi adolescencia, y que son parte de mi biografía”.
Alexandra me había contado sobre su
nuevo libro después que compartimos mesa de literatura portuguesa en la última
FIL Guadalajara presencial, en noviembre de 2019, con una copita de vino en
mano. De ahí surgió la idea de una charla sobre Cinco voltas,
recién salido de la imprenta, con la participación de Caetano, que en aquel
momento era más bien una ilusión en voz alta, un sueño inverosímil.
Pero
vino la pandemia, y con ella muchas limitaciones y finales abruptos de todos
nuestros planes, como vernos forzados a cancelar la edición del 2020 de nuestro
festival a menos de una semana del lanzamiento del programa. Pero también, para
esta brasileña resiliente y siempre optimista, había que mirar posibilidades,
imaginar, inventar. Muchas idas y vueltas, muchas charlas, mucho lobby y muchas
velas y rezos más tarde, en este último 2 de febrero, día de Iemanjá, a un
Caetano encerrado en el estudio de su casa grabando su nuevo disco le enviamos
el pedido por un par de horas de su tiempo para hablar del libro de Alexandra,
en tres meses, en un festival literario de Montreal, y él accedió.
Llega por fin el día de la grabación.
Pero la alegría no está del todo presente. En esta hora tan oscura para mi
país, que recién cruza una cifra mortífera horripilante — 400.000 brasileños
víctimas del COVID— necesitamos más que nunca del calor y de la luz de Caetano,
nuestra estrella que más brilla.
“Oi
Caetano”, le digo, saludando al hombre que es parte de mi vida desde que me
conozco por gente, cuyo Desde que o
samba é samba me consuela cuando me siento sola; cuya Sorte, interpretada junto a Gal Costa, les cantaba todos los días
a mis bebés.
“Olá”, me contesta, curioso,
comentando que recién me oyó hablar francés.
“Nunca hablo francés, y es que casi
nunca hago cosas en francés”, explico, lo que es verdad, “y menos aún en
portugués”, lamento.
“¿Y qué hablas?”
“Inglés y español”, le digo.
Más
tarde en la charla se referirá a nuestro diálogo inicial, diciendo que es la
realidad de todos los lusófonos, que corremos con desventaja, y que todos —no
sólo yo— hacemos más cosas en inglés y español, porque son lenguas dominantes,
el Five Eyes…
“Pero
me gusta mucho que así haya sido: que hayamos sido colonizados por los
portugueses”, dice Caetano.
La relación con distintos idiomas es
marca registrada de nuestro festival, y en esta charla no podría ser diferente.
Fue un tema recurrente en toda la conversación, como también las lecturas de
Caetano durante la pandemia y la experiencia de crear y componer en cuarentena,
pero de esto aquí no voy a hablar. Invito al lector a que vea la grabación y nos acompañe.
Conversamos también sobre la canción
brasileña y su aporte a la lengua portuguesa, el “auge” en las palabras de
Alexandra.
“La
inspiración que trae Caetano y su arte”, explica la escritora, “es inspiración
de una amplitud. Nosotros existimos en este universo de la lengua portuguesa,
pero él, aunque trabajó sobre todo la lengua portuguesa, está mucho más allá de
eso, porque también escribió y compuso en inglés, en español. La palabra en que
pienso es amplitud, de la lengua como nuestro instrumento. Muy pocas personas
que para mí representan una experiencia tan radical de amplitud como la obra de
Caetano: estoy pensando en las canciones, los poemas, el pensamiento, la
palabra aquí, la palabra cantada, hablada, escrita”.
“Me encantan las canciones que
escribiste en inglés”, le dice Alexandra a Caetano.
Pienso de inmediato en London, London, tema inmortalizado
por segunda vez en la voz de Paulo
Ricardo, de quien todas alguna vez nos enamoramos, acompañado del inolvidable
teclado eléctrico de Luís Schiavon.
“Me
gusta Nine out of Ten, esa
está buena”, dice Caetano, “pero no me importan mucho mis canciones en inglés”,
comenta, agregando que compuso una en italiano, Michelangelo Antonioni y de ahí volvemos a hablar de cine,
de su amor por el italiano, el idioma perfecto para el cine, algo que lo
encantaba desde niño cuando veía películas en Santo Amaro (llegó a tener una
discusión con Bertolucci sobre
eso), de hacer películas, de escribir sobre cine (aprendimos que Caetano fue
crítico de cine entre los 19 y 22 años, y que sus reseñas y entrevistas serán
compiladas pronto en un libro), y con eso vamos cerrando la charla.
Pensando
en mi público argentino, no pude dejar de preguntarle sobre su relación con Julio Cortázar, convencido de la
duplicidad con su hermana con canto de sirena, Maria Bethânia.
“Conocí a Cortázar en París, donde
estuve con él una vez, y después ya cuando yo había regresado del exilio, en
Salvador, en un concierto que hice”, cuenta Caetano. “Haroldo de Campos vino a verlo junto con Cortázar, y estuvimos
juntos otra vez ese día. Evidentemente Cortázar, pobre, sufrió mucho porque el
verano estaba muy caliente, y el teatro Castro Alves era un horno: vio el
concierto hasta una parte, y después salió. Pero conversamos algunas veces y él
llegó a escribir eso: esa idea de que yo y Bethânia éramos la misma persona, que la pasábamos engañando al
público, fingiendo que éramos dos, cuando éramos la misma persona, que de vez
en cuando aparecía como Bethânia, de vez en cuando aparecía como Caetano”.
Cortázar no ha sido el único en pensarlo.
“Eso
tuvo eco de una manera así, mágica”, sigue Caetano, “con Mãe Menininha do Gantois, la mãe-de-santo,
donde Maria Bethânia y yo
fuimos iniciados. Yo la frecuentaba mucho por interés cultural por Salvador. Un
amigo me llevaba, y yo iba al terreiro a conversar con Mãe Menininha,
para sentir el ambiente, saber cosas, pero no tenía ninguna intención de crear
un vínculo propiamente religioso. Pero después Bethânia sí, tenía mucha
necesidad religiosa, de tener una vida religiosa, y vivía en Rio y tenía relaciones
con figuras de religiones afro-brasileñas de Rio, pero aquello no me parecía
muy satisfactorio, y yo hacía una campaña para que Bethânia se aproximara a Mãe
Menininha, que era de Bahia, de nuestra tierra, y que era una mujer de gran
sabiduría, de gran dulzura. Bethânia medio resistió, pero luego por otro camino
tomó la decisión de ir a hablar con Mãe Menininha. Yo ya era cercano a ella,
siempre la visitaba. Entonces Mãe Menininha me dijo que Bethânia quería ser
iniciada, lo que llamamos ‘hacer la cabeza’. Pero para eso necesitaba que yo lo
hiciera junto con Bethânia, me dijo Mãe Menininha, porque yo y Bethânia éramos
en verdad la misma persona. Es increíble que Mãe Menininha y Cortázar hayan
dicho lo mismo. Es el realismo mágico… en la práctica”.
Alexandra
agrega que cuando estuvo en el Gantois, asistió a una procesión en un barco,
lleno de flores, salida del terreiro rumbo a una iglesia, y se dio
cuenta en aquel momento que la misma Bahia era un arte: el de trenzar los
muertos y los vivos, divinos y humanos.
No
pude dejar de volver al realismo mágico al recordar a García Márquez describiendo el Caribe, una región cultural más que
geográfica, que comienza en Salvador y termina en New Orleans. Tuve esta
conversación con varios escritores caribeños desde que Gabo compartió conmigo
esa idea que me encanta, porque nos conecta a los brasileños con la región a
través de Bahia, entre ellos el poeta de St. Lucia Derek Walcott y los canadienses
de origen haitiano Dany Laferrière y
la escritora y poeta de Trinidad-and-Tobago Dionne Brand, que junto a la actriz y escritora colombiana Maribel Abello Banfi vendría a ser la
última charla literaria presencial que conduje, en febrero del año pasado, en
el Hay Festival de Cartagena de Indias.
“Conocí
a García Márquez personalmente a
través de otro bahiano, Glauber Rocha”,
cuenta Caetano. “Él estaba filmando en Barcelona y en otras ciudades de
Cataluña la película Cabezas Cortadas (1970), y había una
polémica entre los nuevos cineastas llamados de underground, que en Brasil
tenían el sobrenombre de ‘ude-grude’. Y Glauber se ponía muy dolido con esto,
agonizado, y me escribió una carta porque pensó que yo había entrado en una
guerra contra el Cinema Novo para que conversamos en Barcelona. Y fui. Me volví
loco por la ciudad. Y conocí a García Márquez, fue Glauber quién me presentó.
Salimos a cenar unas tres veces”.
“Y
no es que conocí a García Márquez, es que conocí el Boom de la literatura
hispanoamericana que se estaba dando justamente en ese momento, 1970-71… 1971.
Y el productor de la película de Glauber, que era un catalán maravilloso,
llamado Peres Fages, me
había hablado de la literatura hispanoamericana, de lo fuerte y viva que
estaba, y me llevó a librerías para comprar los libros. Regresé a Londres, pero
con sus libros, libros de Borges,
libros de Cabrera Infante, que
además terminé conociendo en Londres, y nos hicimos amigos”.
“Me
quedé leyéndolos durante un periodo, en español, en Londres. Y fue algo muy
importante para mí. Me pareció exuberante la cosa de García Márquez, pero hice
más contacto con la escritura de Borges, qué me enamoró: una cosa más
concentrada, enfocada. También quedé muy fascinado por los Tres Tristes
Tigres de Cabrera Infante,
a quien conocí a través de Haroldo de
Campos, que fue a Londres durante el periodo en el que estaba exilado,
se quedó hospedado en mi casa y me puso en contacto con Cabrera Infante, que
vino en mi casa. Nos vimos con Cabrera Infante hasta el final de su vida,
porque cada vez que venía a Brasil, o que yo estaba en Barcelona, o en alguna
ciudad en donde él estuviera, él me buscaba, y conversábamos. Era una persona
que decía cosas muy graciosas. No sonreía, pero hacía reír. Con una cierta
amargura porque él nunca más regresó a Cuba. Es una cosa muy pesada. Pero que
él trataba con mucha elegancia, así, en el trato personal. Con un pesar, una
tristeza”.
“Entonces
pienso que sí”, concluye Caetano Veloso,
“soy de ese Caribe de García Márquez, porque yo nací en Salvador, y Glauber,
que nació en Vitória da Conquista, en el interior de Bahia, creció en Salvador.
Ese Caribe de Gabriel García Márquez
que yo reconozco”.