miércoles, 11 de enero de 2017

1989 - SEVILLA / LISBOA



AUDITORIO MUNICIPAL 
PRADO DE SAN SEBASTIAN – 22,30 horas

Día 12 de Mayo – Noche de Brasil: Caetano Veloso


82 / ABC
ESPECTÁCULOS
JUEVES 18/5/1989

Crítica de música
Caetano Veloso esparció aromas brasileños en un recinto semivacío

J. L. PAVÓN


Sevilla es imprevisible. Hay coincidencia en afirmar que en la «Cita» de este año se echa en falta mayor presencia extranjera. Viene por primera vez a nuestra ciudad Caetano Veloso, uno de los principales representantes de la música popular brasileña, el precio es asequible a todos los bolsillos, es viernes por la noche… y no llegaba al millar el número de espectadores en el Auditorio del Prado.



¿Razones? Variopintas y envaradas. La música brasileña no «suena», no «vende», no se limita a las «escolas» de samba como muchos creen.

El nombre de Caetano Veloso puede ser más o menos conocido por estos pagos, pero pocos lo asocian a algunas composiciones con nombres y apellidos, requisito fundamental en este mundillo de superventas. Su último disco sigue sin editarse en España, su casa de discos no aprovechó su venida para promocionarlo y, lo que es más inexplicable, mientras que para otros conciertos de la «Cita» el Área de Cultura del Ayuntamiento  ha inundado Sevilla de carteles, para el de Veloso se ha hecho mutis por el foro.Se supone que los responsables municipales trabajan en pro del éxito y rentabilidad de las actividades que organizan. Así van apañados para que la ciudad considere la «Cita» un evento importante.



Actuaciones como la del brasileiro ponen de relieve la utilidad del teatro Lope de Vega para acoger recitales, al modo y manera del Alcalá Palace madrileño o incluso L'Olympia parisino. Lo que el viernes fue recinto semivacío, en el teatro hispalense hubiera sido o lleno hasta en las «butacas paraíso», complicidad con el artista, reprocidad mutua para transmitir emociones. Mientras no se inaugure el Palacio de la Cultura, el Lope de Vega, aunque más pequeño, les puede albergar durante todo el año, en las fechas libres que dejen las representaciones teatrales.



No vino Caetano Emanuel Viana Telles Veloso a luchar contra todos los elementos antes referidos, pero tras la frialdad del comienzo se llevó de calle al escaso público, que al principio no entendía el amaneramiento de sus gestos ni la peculiar psicodelia de algunas composiciones, herederas de aquel movimiento que dio en llamarse tropicalismo, del que también fue partícipe su amigo Gilberto Gil.



Cuando, en la parte intermedia de su recital, sus cuatro músicos le dejaron a solas con su guitarra, Veloso interpretó media docena de canciones plenas de «beleza e saudade» que fueron una caricia, melancólica y sensual, para los allí presentes.


Entonces y en todo momento mostró una voz maravillosa, capaz de ofrecer múltiples matices, un estilo personalísimo y extraño por no conocido.

Tras «Menino do Río» y otros éxitos de siempre, quiso despedirse con «Sampa», pero fue obligado a alargar su actuación veinte minutos más para que siguiera esparciendo aromas bahianos —tierra de Jorge Amado — sobre el albero de Sevilla.














 




 


 
 







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