miércoles, 14 de septiembre de 2016

2012 - CAETANO - Siempre joven


 
2012
Revista 32 Pies
Revista Cultural del Mercosur
Año 2 - n° 3
Abr. Jun.

Editor responsable: Fundación Puerto de la Música
Director: Reynaldo Sietecase




Foto de tapa: 1972




 
Fena della Maggiora comenzó su carrera como músico integrando el Fontova Trío. Luego fundó la banda Fena y los Gomez y tocó con la banda de Fabiana Cantilo. Editó, entre otros discos, Juego de palabras (1987), Tiene que ser ya (1990), Dos vidas (1999), Cartas para tres (2005) y Despega y vuela (2008). En televisión trabajó en Videomatch y condujo los ciclos Desde la vida (Canal 7) y Plan B (América)

 


Caetano Veloso: genio y figura
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HÉROE TROPICAL
Extraordinario cantante y compositor. Es uno de los mayores artistas de América. Fue uno de los fundadores del tropicalismo, editó medio centenar de discos y algunas de sus canciones son parte de la memoria popular del continente. Cerca de cumplir 70 años, repasa en esta entrevista su intensa historia musical.

Por Fena della Maggiora


 

Caetano Veloso recibió a Fena en su departamento de Río de Janeiro.


Conocí la música de Caetano Veloso a mediados de los años 70. Yo era un “proyecto de músico” adolescente, inquieto y ansioso por descubrir la geometría oculta de la música, por saber cómo y cuándo se producía la alquimia de componer una bella canción. En ese marco apareció Caetano, con su dulce voz y sus letras variadas e inteligentes que bailaban sobre un hilo melódico de compleja simpleza. Recuerdo que el primer disco que escuché fue Juntos e ao vivo, un recital junto a otro grande, Chico Buarque, grabado en 1972. Ya desde el primer track del disco, quedé hechizado para siempre por ese extraño flaco que mezclaba elementos del rock con las raíces musicales de la bahianidad brasileña.
Años más tarde, discos más tarde, nos encontramos por primera vez. Corría 1998, en oportunidad del rodaje y la posterior presentación del film de Almodóvar Todo sobre mi madre, en Madrid, donde había sido invitado. Allí pude comprobar personalmente que la especial fineza que contienen sus canciones se condecía con este hombre culto, de hablar pausado, políglota y poseedor de una sensibilidad única y genial.
Luego nos vimos por segunda vez en Buenos Aires, en una cena, después de la presentación del álbum Fina Estampa. En aquella charla –para entonces ya era fan de su obra y había incluido en mi repertorio varias de sus canciones– recuerdo que, como quien transmite un secreto, me contó la génesis de una de sus canciones más geniales: Vaca profana.

Esta entrevista tuvo lugar en su piso de Leblon, en Río de Janeiro. Antes de la charla, en la que repasamos su intensa historia musical, Caetano me mostró las fotos de una sesión que había realizado pocos días antes para la tapa de su nuevo álbum. En la abierta intimidad de su balcón intercambiamos recuerdos de nuestros encuentros anteriores y hablamos de su vida, la música y los hijos, mirando el mar.

– Aprendiste en tu casa a tocar el piano y allí compusiste tu primera canción…
– Había un piano, sí. Nosotros pertenecíamos a una baja clase media de una ciudad pequeña. Había un hábito en las clases medias brasileñas de tratar de comprar pianos para que los hijos aprendieran algo de música también. Era un hábito simpático, muy simpático.
– ¿Quién te enseñó a tocar el piano?
– Una señora de Santo Amaro que se llamaba Hilda. Ella enseñaba a leer las notas pero no el tiempo, porque no sabía cómo enseñar a leer la división. Así que Hilda tocaba para que nosotros aprendiéramos de oído lo que ella no podía explicar. Después empecé a sacar las canciones de oído de la radio y olvidé las notas, no sé leerlas.
– Leí que decías que tu identificación femenina es tu voz, que cantás como tu madre y que aprendiste a cantar con ella, es ¿es así?

Nunca, nunca decidí ser músico. Si se
me hubiera ocurrido ser un profesional
de la música habría estudiado. Yo
pensaba en pintar, y después en hacer películas.

– Aprendí a cantar con mi madre, sí. Hay una canción mía que dice: “Mi madre es mi voz”, me gusta decir eso. Mi madre siempre cantaba, sabía todas las canciones de la época en que ella era joven, entonces me enseñó muchas canciones viejas, sé muchas todavía hoy.

Le pregunto a Caetano sobre los años de Santo Amaro, el pequeño pueblo en el que nació, en el interior de Bahía.
– ¿Qué recuerdos tenés de tu infancia?
– No me gusta idealizar demasiado la infancia, la recuerdo como si fuera un período oscuro. No porque fuera opresivo, era muy agradable, tuve unos padres muy dulces, maravillosos pero la infancia misma, me pareció un poco más aburrida que lo que vino después. Creo que una vez que una persona va teniendo libertad y posibilidad de elección, con todo lo que tiene, y también con la capacidad de comprensión del mundo y de dominio del lenguaje, se imagina teniendo la protección de cuando era niño y no podía comer cuando quería, tenía que ir a dormir cuando la gente adulta decía que era así, lloraba, siete, diez veces al día. Pero después, cuando uno es adulto piensa, la infancia: perfección. Para mí era aburrido, a medida que crecí me pareció que las cosas mejoraban. Y la verdad es que mejoran.
– ¿A qué edad decidiste que ibas a ser músico? ¿A qué edad sentiste eso?
– Nunca, nunca decidí ser músico. Si se me hubiera ocurrido ser un profesional de la música, habría estudiado. Yo pensaba en pintar, y después en hacer películas. A medida que crecía más y más me daba ganas de hacer películas. Incluso a los 18
años empecé a hacer crítica de cine en periódicos, primero en Bahía, en Santo Amaro y después en Salvador.
– Qué extraño que me digas eso…
– Fue el azar y el destino, las condiciones de la vida en Brasil, cosas que pasaron las que me llevaron a la música. A mí siempre me gustó la canción, yo cantaba, sabía todas las canciones que había en la radio, tocaba un poco en el piano, incluso componía cosas muy primarias, pero era como un hobby.
– ¿Y a qué edad empezaste a componer?
– A los diez u once años, con el piano. Compuse esas cosas primarias, que más o menos olvidé.
– ¿Cuáles son los músicos que influyeron en tu desarrollo artístico? ¿Cuáles fueron los músicos de los que pensabas: quiero ser como ellos?
– Cuando era muy chico me gustaba escuchar a Francisco Alves, un cantante. Y cuando tenía 17 años escuché a João Gilberto. Esto fue como un cambio, no solamente en relación a la música sino también a la vida, a la visión de Brasil, de la lengua portuguesa, de criterios estéticos para cine, literatura, pintura, todo. Fue una iluminación.




TROPICALISMO

Foto: Oliver Perroy

El Tropicalismo o Tropicália tuvo su origen en Brasil a
fines de los años 60. Si bien el nombre se le atribuye
a Caetano Veloso, lo cierto es que el músico lo tomó
de una instalación del artista carioca Hélio Oiticica. La
impronta renovadora del movimiento, que apuntaba a
una relectura moderna y desprejuiciada de la herencia
popular, puede apreciarse en el álbum colectivo
titulado Tropicália ou Panis et Circensis (1968), casi
un manifiesto del movimiento, del que participaron
Veloso, Gilberto Gil, Gal Costa, Tom Zé, Os Mutantes
y el arreglador Rogério Duprat, entre otros artistas.
Criticados por conservadores de izquierda y de
derecha, los músicos intentaban romper el aislamiento
de la música del Brasil para crear un nuevo sonido a
partir del cruce de la bossa nova, la herencia bahiana y
el libre fluir del rock de la época.



DONA CANÔ:
LA VOZ DE CAETANO


Dona Canô tiene 103 años y es una verdadera
institución en Bahía. Tuve oportunidad de conocerla
en su casa, en el pueblo de Santo Amaro, en el
interior de Bahía. Allí nació Caetano Veloso. Estaba
preocupada porque había tenido un problema en
su cadera y desde hacía dos meses no podía salir a
dar su habitual caminata por el pueblo. Charlamos
animadamente mientras Rodrigo Veloso, hermano
de Caetano e intendente municipal de Santo
Amaro, supervisaba la preparación del almuerzo.
“Caetano fue el más distinto entre mis hijos. Él era
muy… Era un niño así, muy distinto. No jugaba,
no le gustaba… Le gustaba cantar, tocar el piano
y dibujar. Venía con una canción, quería hacer
un recital. Él tocaba el tema, pero no lo hacía
como la maestra le había mandado. Tocaba a su
modo. Hacía… ¿cómo se dice? Hacía samba, hacía
boleros”, cuenta.
Madre de ocho hijos, entre ellos la célebre María
Bethânia, Dona Canô tiene las puertas de su casa
literalmente abiertas a quien quiera entrar, de
hecho, no es raro ver algún vecino sentado a su
mesa a la hora del almuerzo. Otro detalle: a Dona
Canô le gustan mucho las fiestas, por eso, el
pueblo decidió organizar una fiesta por mes en su
casa para aliviar su pena de no poder caminar hasta
que se recupere. En esas fiestas se toca música, se
canta, se come y se bebe. Una de las últimas en
querer irse a la cama es la dueña de casa.
Vuelvo a interrogarla sobre los inicios musicales
de Caetano: “Él cantaba, pero no era un cantante
como los que había en aquel momento. Hacía
música a su manera. El primer tema que compuso,
del que nosotros supimos, fue de un profesor de
matemáticas. El profesor le dio la letra y él hizo la
música. Canté mucho con él, me enseñó muchos
temas. Pero hoy, por desgracia, no puedo cantar
más. Perdí la voz. La última vez que estuvo acá,
me pidió que cantara. Y le dije: «Mi hijo, no puedo
más…» y el insistía: «Cantá. Canta conmigo, canta.
Chuá, chuá…» Pero ya no tengo voz”, dice.



– Hablemos del tropicalismo, ¿cómo fue el origen?
– Para mí el origen fue João Gilberto. Él reconoció que aunque el tropicalismo fuera todo lo contrario a él, era reconocible la identificación en profundidad.

El Tropicalismo, o Tropicália, es, a grandes rasgos, un movimiento musical creado a fines de los 60 que fusiona rock, bossa nova, fado portugués, samba y ritmos bahianos. Sus representantes más destacados son el propio Caetano, Gilberto Gil, Gal Costa, Bethânia, Tom Zé y Rogério Duprat. El estilo resultante fue lo que alguna vez Litto Nebbia definió como “Psicodelia Brasileña”.
– En los comienzos del movimiento, ¿tenían conciencia de que estaban inventando algo nuevo?
– Bueno, sentimos una serie de necesidades de actuación en el área de la música popular y después, a medida que la sentíamos fuimos ganando conciencia de que hacíamos algo nuevo. Este apellido de tropicalismo fue accidental. Yo hice una canción para el nuevo disco que no tenía título, y un director de fotografía y de cine llamado Luiz Carlos Barreto escuchó la canción y dijo: “A esto lo deberían llamar Tropicália, porque es igual al trabajo de un artista plástico de Río que se llama Hélio Oiticica, y su obra se llama Tropicália”. Y yo le dije que no conocía el trabajo de Hélio, que no iba a utilizar el título de la obra de una persona que no conocía y que quizá a él no le gustara que lo utilicemos. Pero la verdad es que la palabra se colgó a la canción. Después Hélio Oiticica conoció lo que hacíamos, nosotros conocimos lo que hacía él y hubo una gran identificación. Y al final quedó la palabra.

Hay una canción mía que dice: “Mi
madre es mi voz”, me gusta decir eso.
Mi madre siempre cantaba, me enseñó
muchas canciones viejas, sé muchas
todavía hoy.



– Hablemos de Gilberto Gil, ¿qué grado de amistad tienen ustedes? 
– Lo conocí en el 63 y somos amigos hasta hoy. Nos gustamos de inmediato. Yo lo adoraba, él cantaba en la televisión en Bahía, y yo lo encontraba increíblemente talentoso, sabía tocar todos los acordes en la guitarra de las músicas de la bossa nova que eran mi encantamiento. Un día un amigo nos presentó. Quedamos amigos inmediatamente. Y aunque yo no fuera bueno con la guitarra, a él le gustaron mis ideas sobre la música, sobre las canciones, las cosas que yo decía, mi personalidad. Incluso lo poquito que yo tocaba le gustaba.
Algunas canciones que yo intentaba hacer le parecían bonitas. Y él me probó que eran bonitas porque hoy algunas son conocidas y la gente las encuentra bonitas. Yo aprendí todo con él, mirando cómo él tocaba.
– ¿Hubo influencia del clima del existencialismo francés cuando armaron el movimiento?
– Sí, había mucha influencia por leer existencialismo francés, Sartre era como un ídolo intelectual mundial y en Brasil no era diferente. Las películas de Godard ejercieron una influencia muy fuerte, muy grande sobre nosotros, para mí sobre todo.
– ¿Tenían parámetros o premisas artísticas fundacionales?
–  Nació más de discusiones entre Gilberto Gil y yo, y más tarde con músicos de San Pablo, incluyendo a Os Mutantes, Júlio Medaglia, Damiano Cozzella. Tom Zé era un músico de Bahía de nuestra generación que nosotros conocíamos de Salvador, y una vez conversando con él en Bahía lo convencí para que viniera y se uniera a nosotros, porque lo que estábamos haciendo era receptivo para su estilo, que no tenía nada
que ver con la bossa nova.
–  ¿Cómo empezás a componer? ¿Tenés un método?
– Puede ser de todas las maneras, puede ser un título, una idea, unas palabras. En general son unas palabras cantadas. Después sale la melodía, y entonces completo la letra.
– ¿Cómo fue la génesis de Ele Me Deu Um Beijo Na Boca? Es una letra muy críptica para mí.
– Hay una fotografía en la contratapa del disco, donde mi padre me da un beso en la boca, fue para un cumpleaños, como a los 38 años. Pero la letra no se refiere a él, se refiere más a Gil, que también me da besos en la boca. Entonces era como si fuera una conversación imaginaria con Gil, cómo nos vamos posicionando frente a los temas, pero no es un documental de Gil. La inspiración inicial, embrionaria, fue una posible conversación entre Gil y yo, pero en realidad es una charla entre dos personalidades adentro mío.

Y si de relaciones profundas se habla, en lo afectivo y en lo artístico, vale mencionar la que lo une a su hijo Moreno, también músico. Han compartido escenario más de una vez y hasta compusieron juntos bellos temas como Sertão (letra de Caetano y música de Moreno). Los argentinos pudieron estos días disfrutarlos en Buenos Aires.



MORENO VELOSO,
EL HEREDERO


Moreno Veloso ya tiene nombre propio. No es una
tarea sencilla siendo el hijo de uno de los mayores
músicos del continente. Nació en Salvador (22.11.1972)
y aunque estudió física, desde muy joven se dedicó
a la música. Su padre le regaló una bella canción:
Leonzinho. Su madrina es Gal Costa. Su primer
disco data del 2000: Máquina de escribir música. Ha
compuesto temas para Adriana Calcanhotto –junto
a quien se presentó hace un año en Buenos Aires–,
Roberta Sá y el propio Caetano Veloso. Padre e hijo
actuaron juntos en el Gran Rex el 27 de marzo pasado,
confirmando la íntima relación musical que los une
más allá de la sangre.


– Hablame de Moreno…
– Moreno es mi hijo que ahora tiene 38 años, mi hijo querido, el primero. Tiene una personalidad única, para mí es un sabio, tiene una mirada muy peculiar, muy original y nunca alza la voz.
– Estás a punto de cumplir setenta años, ¿qué creés que te falta y que creés que hiciste de esta vida?



A los 17 años escuché a João Gilberto.
Esto fue como un cambio, no
solamente en relación a la música sino
también a la vida, a la visión de Brasil...
Fue una iluminación.


– He hecho muchas cosas. Lo que más me gusta son mis hijos, los tres, algunas canciones, algunas actitudes relativas a la canción, por ejemplo haber adoptado sonidos y actitudes del rock dentro de la música brasileña cuando todavía el rock era basura cultural, el coraje, las actitudes políticas en relación a la música independientemente de todo lo que sea peligro de opresión, y un cultivo del mito de Brasil como una novedad liberadora.

Como despedida, Caetano accedió a regalarme una canción. Tocó la última que había hecho, aún sin título. La letra habla sobre las diferentes lecturas que un hombre puede darle a su vida y de cómo ese balance puede ayudarnos a ser más benevolentes con los errores cometidos y a valorar los aciertos. El haberla escuchado de su voz y tan cerca es un privilegio que voy a conservar hasta el fin de mi vida. Bendita sea la música.




70 AÑOS: SEIS DISCOS IMPRESCINDIBLES

 
Caetano Veloso (1968). Revolucionario es un adjetivo mezquino para describir el primer disco de Veloso. Mezcla de manifiesto cultural y estudio antropológico, el álbum gatilla la renovación de la música del Brasil e inaugura un nuevo género, el “tropicalismo”, categoría que le daría a su autor, alérgico a las etiquetas, más de un dolor de cabeza. Las armonías nativas, la música de vanguardia y el rock psicodélico son, en manos de Veloso, los cristales de un caleidoscopio fascinante, único. En un solo movimiento, la música de Brasil se vuelve sofisticada, moderna y global. Después de la edición del álbum, Veloso fue encarcelado. Tras su liberación, partió hacia el exilio londinense.



Transa (1972). Considerado como su primer disco post-exilio, lo cierto es que Veloso lo grabó en Londres en 1971. De siete piezas que lo integran, cuatro fueron compuestas y cantadas en inglés. Sutil y cálido, Transa refleja la sed creativa de un artista que busca una síntesis avanzada entre sus raíces y el sonido crudo del rock acústico, como lo reflejan la extraordinaria You don’t know me, en la que la cadencia portuguesa se funde con la mecedora rítimica del reggae jamaiquino, y la no menos lograda Nine out of ten. Triste Bahia, musicalización de un poema de Gregório de Mattos, y el enfoque africanista de Mora na filosofia aparecen como puntos altos de la placa.


 
Cinema transcendental (1979). Menos entrador que esfuerzos anteriores y sin canciones en inglés, Cinema transcendental se presenta como un trabajo de alto disfrute de principio a fin. Caetano Veloso parece no tener otra intención que crear una música ubicada entre la abstracción y el lenguaje popular. Una nueva apuesta estética. Grabado entre julio y setiembre de 1979, el disco contiene canciones que con el tiempo se convertirían en clásicos de la música popular, como Cajuína, Oração ao Tempo, Lua de Sâo Jorge y Beleza pura.


 
Circuladô (1991). El arte de Veloso en todo su esplendor, oscilando entre el funk de Fora da ordem, el aire bahiano de Boas vindasy la impronta vanguardista de Ela Ela, escrita en colaboración con el compositor norteamericano Arto Lindsay. A medida que transcurre la placa, Veloso suma tesoros a su colección: la austera belleza de Itapuã, la bossa Lindeza con Ryuichi S Gil en O cu do mundo. El éxito de Circuladô fue tan amplio que motivó la grabación de un disco en vivo.

 
Fina estampa (1994). Si algo le faltaba a Veloso para convertirse en una estrella internacional era un álbum integrado por clásicos de la canción latinoamericana. Boleros, rumbas y una pizca de tango se suceden en canciones originarias de Cuba (Rumba Azul, Contigo en la distancia), Argentina (Un Vestido y un amor, Vete de mí, Vuelvo al sur), México (Maria Bonita, La Golondrina), Paraguay (Recuerdos de Ypacarai) y Perú (Fina Estampa), entre otras. La expresiva voz de Veloso y los sofisticados arreglos de Jacques Morelenbaum redondean un clásico contemporáneo.

Noites do norte (2001). A punto de cumplir sesenta años, Veloso se despachó con una joyita. A diferencia del enfoque que lo guiaba a comienzos de su carrera, cuando buscaba inspiración “afuera”, en el rock inglés y norteamericano, en Noites do norte Veloso bucea en las profundidades de la herencia musical del Brasil. La placa contiene homenajes a los músicos Raul Seixas (Rock ’n’ Raul) y Jorge Ben (Zumbi), y al cineasta Michelangelo Antonioni. Si bien la samba y la bossa nova aparecen como el marco general del álbum, Veloso cruza el pasado con el presente al mezclar un ritmo de hip hop con la línea guitarrística de João Gilberto (Zera a reza). La canción que da título a la placa es una musicalización del poema del abolicionista Joaquim Nabuco.


DOCUMENTAL 

Mientras las imágenes de Bahía acercan la cotidianidad de esa tierra, canciones y palabras de Caetano Veloso. El músico habla del Movimiento Tropicalista, de la música popular, de su rock psicodélico y del tango. Además, comparte muchas de sus vivencias.

Duración: 56 minutos


Noviembre 3, 2011


Fena della Maggiora conduce "Músicos de Latinoamérica" por el canal Encuentro

Buenos Aires, 3 de noviembre (Télam).- "Músicos de Latinoamérica" es el ciclo que a partir del martes 8/11/2011,  a las 21 emitirá Canal Encuentro y que, con la conducción de Fena della Maggiora, presentará entrevistas con grandes artistas como Caetano Veloso, Silvio Rodríguez y Armando Manzanero.
Se trata de una serie de cinco capítulos que recorre el continente para entrevistar y conocer la historia de algunos de los compositores que fundaron los movimientos musicales más revolucionarios del siglo XX.
En "Músicos...", della Maggiora visitará a Caetano Veloso -protagonista del episodio inaugural-, Gilberto Gil en Brasil, Silvio Rodríguez en Cuba, Armando Manzanero en México y Rubén Blades en Panamá.
Según informó el canal, en cada capítulo, el conductor seguirá "las huellas que las canciones de estos músicos han trazado en nuestros países, a través de un viaje que delinea las anécdotas, los recuerdos, y las historias de estos grandes compositores".
El programa propone un recorrido por sus ciudades natales, los barrios de la adolescencia, los lugares del exilio o de su primer concierto.
Los escenarios de las canciones que cambiaron la historia de la música, las anécdotas de sus maestros y amigos, sus miedos y pasiones, estarán presentes en esta nueva propuesta de Encuentro.
Del ciclo también participarán destacados músicos argentinos entre los que se cuentan Fito Páez, Vicentico, Alejandro Lerner, Víctor Heredia y Lito Nebbia. (Télam).

 








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